Se piensa que el bebé ya comienza a conocer los sabores y olores, dentro del vientre materno. ¿Cuándo empieza esto?, ¿cómo funciona?, ¿lo que como será importante para desarrollar el gusto de mi bebé?.

Dos sentidos muy relacionados.

Lo que tú comes, le gustará a tu bebé.

* Referencias para hacer frente al mundo.

Memoria del gusto.

 

 

Dos sentidos muy relacionados.

A menudo se produce confusión entre gusto y olor. Por eso es que hablamos de sabores. Pero esto tiene justificación, porque los olores de los alimentos caracterizan el sabor que les define. Por ejemplo, así distinguimos el gusto de los duraznos del de los damascos. Cuando hablamos del gusto de los alimentos, subentendemos su aroma u olor, de hecho estos corresponden a moléculas químicas volátiles percibidas por los receptores del olfato al nivel de la nariz y paladar, integrando así el sabor. Los sentidos del gusto y olfato están estrechamente relacionados.
Para ser más exactos, los gustos se reparten entre dulce, salado, ácido y amargo.
Lo cierto es que el bebé manifiesta preferencia por el sabor dulce y no le gusta lo amargo. Probablemente se debe a que el líquido amniótico que lo rodea tiene un sabor levemente dulce y el bebé se ha acostumbrado a él. Algunas experiencias han demostrado que cuando se inyecta agua azucarada en la bolsa amniótica, el bebé reacciona aumentando su actividad de deglución y sus movimientos de succión se aceleran, siendo que la inyección de un líquido amargo provoca el efecto contrario. Al nacer, el bebé mantendrá por lo general, esta preferencia por el sabor azucarado y la aversión hacia el sabor amargo.

 

Lo que tú comes, le gustará a tu bebé.

Otros estudios han evidenciado que la composición de moléculas aromáticas del líquido amniótico cambia en función de la alimentación de la madre. Se ha podido comprobar que un bebé cuya madre consume alimentos con sabor a menta o anís al final del embarazo, manifiesta atracción por estos olores después de nacer; lo mismo ocurre con el perfume de vainilla, ajo, chocolate, zanahorias, etc. Se están llevando a cabo numerosos estudios acerca de las capacidades gustativas y olfativas del bebé en el útero y sus capacidades de memorización de sabores y olores. Pero desde ya parece posible que el bebé perciba, estando dentro del vientre de su madre, el gusto y los aromas de los alimentos que ella consume, así como también su olor corporal y el perfume que usa.

 

Referencias para hacer frente al mundo.

Por lo demás, parecería que al feto le gusta la novedad. Demuestra poner atención en las estimulaciones novedosas que vienen del exterior y se acostumbra a ellas. Al reencontrarlas después de nacer, éstas le parecen familiares y pueden serle o no indiferentes.
Al nacer, el sabor y olor de la leche, como asimismo el olor de la piel materna, parecen reconfortantes para el bebé, que encuentra así marcadores de su ambiente. De ahí la importancia fundamental del contacto “piel con piel” durante los primeros minutos de vida extra uterina.
Desde las 2 semanas de embarazo, el cerebro del bebé está lo suficientemente maduro como para comenzar a memorizar todo el rango de sabores y olores que la madre le transmitirá a través del líquido amniótico. Al final del embarazo, será capaz de reaccionar cuando la madre consuma su alimento preferido.

Las madres han tenido siempre la convicción de que su niño se comunica con ellas desde el útero. Con lo que se sabe hoy en día, se entiende mejor la importancia de una alimentación variada y agradable para la mujer embarazada. Está comprobado que el bebé está aprendiendo de gustos y descubre desde ya su mundo, iniciándose en su cultura aún antes de nacer. Por lo tanto, no dudes, comparte con él los mejores momentos de tus comidas.

 

Memoria del gusto.

En verdad, desde los 5 meses, las papilas gustativas sensibilizan al bebé al gusto del líquido amniótico, y los receptores olfativos ya maduros en el tercer trimestre del embarazo entregan informaciones al cerebro, permitiendo que el bebé memorice así cierta cantidad de olores. Esta memoria es la que le permitirá reconocer el olor materno después del nacimiento. Los sabores de lo que la madre come, especialmente al final de la gestación, le son transmitidos mediante la circulación materna-fetal, modificando la composición aromática del líquido amniótico. Mediante movimientos respiratorios, que se inician desde el 4º mes, el bebé inhala y exhala líquido amniótico, el que así se renueva constantemente en sus cavidades nasales. La variedad de su alimentación permitirá iniciar al bebé en la diversidad del mundo que le espera.

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