Lo que es normal y lo que no

 

El sueño es un proceso evolutivo que se va adaptando a las necesidades concretas del bebé, del niño, del adulto… Por eso, el recién nacido no duerme como sus padres, ni tampoco como ellos esperan que lo hicieran.



Los recién nacidos suelen tener un sueño caótico; duermen las mismas horas de día que de noche y nunca a intervalos regulares. Pero puedes estar tranquila, pues el sueño infantil nunca es indicativo de cómo se dormirá de adulto.


Cómo duerme tu hijo:

Horas de sueño. Cada bebé es un mundo, pero, de media, hasta los dos meses de edad suelen dormir entre 12 y 16 horas diarias, y entre los tres y los seis meses pasan de 10 a 15 horas durmiendo. No obstante, lo fundamental es fijarse en el estado del niño; si duerme menos horas, pero se muestra contento y activo durante el resto del día, no hay que preocuparse.

* Ciclos en dos fases. Los recién nacidos tan sólo tienen dos fases en el sueño (a diferencia de los adultos, que tenemos cinco). Así, en ellos predomina el sueño activo o ligero (REM), lo que les hace despertarse con frecuencia. Así pueden ser alimentados cada poco tiempo y obtienen atención de sus cuidadores. 

* No diferencia el día de la noche. El recién nacido no distingue entre el día y la noche, por eso duerme de forma “desordenada” a lo largo de las 24 horas, en varios momentos que va repartiendo a lo largo de toda la jornada. Para adquirir el ritmo circadiano y hacer esta diferencia, necesita que el núcleo supraquiasmático de su cerebro (que es nuestro reloj biológico) haya madurado, y eso se produce hacia los cuatro meses de edad.

* Sabe dormir por sí mismo. Dormir es un instinto innato, al igual que succionar. A los recién nacidos no hay que enseñarles a dormir porque ya saben hacerlo; de hecho, ya lo hacen en su etapa fetal. Distinto es acompañarlos mientras se duermen. Cuando nace, el mundo es un entorno extraño para él y muchas veces necesita que lo acompañen para conciliar el sueño.

* No tiene problemas. Los verdaderos problemas de sueño (apneas, sonambulismo, terrores nocturnos...) se producen mucho más adelante, en la infancia. Por eso no puede hablarse de insomnio ni de trastornos de sueño en un bebé; simplemente duermen según sus necesidades, que no suelen coincidir con las de sus padres.

LOS DESPERTARES NOCTURNOS


Los bebés no suelen dormir “de un tirón”, para desesperación de sus padres. Pero es importante saber que esos despertares nocturnos son normales y beneficiosos para el niño. Se producen cuando se pasa de una fase del sueño a otra. Los adultos también tenemos esos microdespertares (unos 10 cada noche), aunque no somos conscientes de ellos y volvemos a dormirnos, pero los bebés utilizan esas pausas para pedir alimento (si pasan muchas horas sin comer, pueden sufrir una hipoglucemia) y para reclamar los cuidados de sus padres. Además, debes saber que, desde el punto de vista técnico, cuando hablamos de dormir de un tirón, nos referimos a 5 horas de sueño seguidas (si tu bebé se duerme a las 10 y se despierta a las 3 de la mañana, sí, habría dormido de un tirón).

 

“¡PERO YO NECESITO DESCANSAR!”
Ya sabes que es normal que tu hijo se despierte 3, 6, 10… veces durante la noche, pero tú también necesitas descansar, y más si trabajas al día siguiente. La solución es sincronizarte con tu hijo, ¿pero cómo? Puedes conseguirlo así.

Dale el pecho. La leche materna contiene un aminoácido (L-triptófano) que ayuda a conciliar el sueño y cuyos niveles suben de noche. Al mamar, el bebé se relaja y se queda dormido con facilidad y, a su vez, la succión pone en marcha un mecanismo hormonal en la madre, induciendo también su sueño. 

Tenlo muy cerca de ti. Para hacer los despertares más llevaderos, ten a tu hijo cerca. Pon su cuna en tu habitación o practica el colecho (compartir la cama con él). Aunque meter al bebé en la propia cama tiene “muy mala prensa”, ayuda a que las pausas nocturnas sean casi imperceptibles para ambos. Eso sí, toma estas precauciones: pon al bebé a tu lado (no entre su padre y tú), vigila que el colchón no se hunda y que no haya huecos entre la cama y la pared, o utiliza una barrera. No abrigues en exceso al niño, y si el cabecero tiene barrotes, cúbrelos. Muy importante: no duermas con tu hijo si tomas alcohol, drogas o tranquilizantes, si fumas (aunque sea en otra habitación) y si eres obesa.

Fuera culpabilidad. Los padres suelen sentirse culpables y enfadados si sus hijos no duermen como se supone que deberían hacerlo. Pero, hay que tener claro que los recién nacidos no manipulan, sólo piden lo que necesitan. Interiorizar esto no te evitará los despertares nocturnos, pero, al menos, atenderás a tu hijo con mucha más tranquilidad.

 

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